miércoles, 28 de noviembre de 2012

Punto y seguido.


Recuerdo días raros. Días que ocurrieron hace mucho y no son tan lejanos al fin y al cabo. Momentos de mi historia que quedaron grabados con firmeza. Y pienso que estamos perdiendo el tiempo.
¿Sabes? La vida es aquello que pasa cuando nos lamentamos de aquello que nunca sucede. Días que no llegan y días que no queremos que lleguen. El momento idóneo para dar el primer paso o el séptimo. La última calada de vida que nos podría alegrar la mañana. Una conversación a solas que nadie es capaz de iniciar por miedo al fracaso. Por miedo a los desconocido.
Y es eso, algo que no conocemos. Algo que nos limita el modo en que vivimos esta maravilla.
Voy a sincerarme con vosotros, yo he esperado. He esperado por mi primer beso, por el segundo… e incluso por el tercero. He esperado el momento idóneo para ir a hablar con alguien. He deseado con todas mis fuerzas que sucedieran cosas que jamás han ocurrido. He deseado ser feliz. Y he esperado a que esos días felices llegaran.
Fue precisamente cuando dejé de esperar, cuando la magia ocurrió. Tomé conciencia de que mi vida es maravillosa tal y como estaba.

Que ella me daría paz y sosiego siempre.
Que sus abrazos siempre serían los mejores del mundo.
Que ser una buena amiga para él siempre ha sido una aventura.
Que ella me demostraría que me equivocaba con mis ideas preconcebidas. Que la puedo querer siendo quien es.
Que siempre le podría echar más de menos.
Y que me mostraría lo que un beso puede significar para alguien insignificante como yo.