jueves, 19 de febrero de 2015

El caso del padre sin nombre.

Hoy te dedico estas palabras para que sepas que no te olvido. Quizás el amor que te proceso no sea el más adecuado para lo que te mereces. Pero si algo me dice que eres mi padre, soy incapaz de odiarte. 

Por eso hoy me refiero a ti como papá. Para decirte que te he vencido. Pese a todo he conseguido lograr la estabilidad que con tanta fuerza has intentado arrebatarme. Soy feliz papá. Y no es gracias a ti. Dale las gracias a la mujer que me parió y a la que le destrozaste el alma. Dale las gracias porque logró sacar fuerzas para desvivirse por mi. Por el "fruto de vuestro amor". 

Y a qué viene esto, te podrías llegar a preguntar. Por qué ahora. 

Quizás porque he decidido pasar página y quemar el libro. Un libro en el que tu sombra estaba presente en cada párrafo. Casi 25 años de historia que no mereces llamar tuya. 

Quizás porque esta será la última vez que brinde por todas las veces que me dejaste sola. 

Por todas las veces que me usaste para odiar a mamá. 
Por todas las veces que me has negado una única mirada.

Voy a vivir papá. Sin ti. Sin tu nombre tatuado en mi pecho. Sin anhelar el calor de un abrazo tuyo. Y te guste o no, ya no me va a afectar nada de lo que decidas hacer contra mi.


domingo, 15 de febrero de 2015

Sin título.

Estoy pasando una etapa. De esas etapas raras en las que todo te parece insuficiente pero no te quedan más narices que cerrar los ojos y seguir adelante. Y ya no es un problema "profesionalmente" hablando. Es todo lo que me rodea. La falta de pasión, de chispa... escasez de ilusión. 

Ya sé lo que dicen. Si algo no te gusta de tu vida, cámbialo. Pero si no me gusta mi vida, mi vida entera con todos sus elementos. Si nada me llena y ni mis más profundos sueños me invitan a avanzar. Surgen todas las dudas y la pregunta sin respuesta. Qué hago. Qué hago cuando ni los puntos de inflexión ni pasar página ayudan para encontrar algo de felicidad en cada paso.

Y no me encuentro ni queriendo.
Y cada mañana es más difícil despegar el cuerpo de las sábanas. 
Y me hundo estrepitosa e irremediablemente. 

Qué hago.