martes, 16 de octubre de 2012

Dulces sueños Princesa.


El mundo duerme y yo sigo aquí, escondido, esperando a que algo maravilloso ocurra. Cada noche es lo mismo, convivo con la oscuridad y un montón de pelusas que se aloja debajo de tu cama… al igual que yo. Para mi no es nada acogedor  pero, hace tiempo, no me quedó más remedio que acostumbrarme. A veces hace demasiado frío, cuando dejas la ventana abierta; y otras, un calor sofocante, como cuando te enfadas y cierras tu cuarto a cualquier forma de vida del mundo exterior.

Pero por primera vez en mi vida de monstruosidad está mereciendo la pena. Tú estás consiguiendo que la espera a que caigas en tus dulces sueños resulte algo menos insoportable. La recompensa de verte sonreír mientras duermes, mientras creas ese maravilloso mundo que sólo tú puedes ver… no tiene precio.

Es entonces cuando abandono mi lúgubre escondite, no sin antes concienciarme de que no hay nadie al acecho. Salgo con cuidado. Primero arrastro un brazo hasta donde se posa la luz de la farola de enfrente y después el otro. Tardo varios minutos en deslizar el cuerpo entero. Tengo miedo a despertarte, aunque parezca una tontería pues eres tú la que debería tener miedo de mí. Pero no quiero eso. No, esta vez no.

Cuando ya me encuentro de pie, inmóvil junto a tu cama, me paro a escuchar varios segundos si se acerca algún peligro. Si me encuentro con fuerzas, hasta me inclino sobre ti para escucharte respirar. Esos ruiditos que haces con la nariz mientras duermes, me hacen sonreír. Me hacen feliz. Y pienso que no hay cosa más bonita que el simple hecho de que tú estés en este mundo, iluminándolo a cada segundo que pasa, con cada latido o respiración tuya. Es tan increíble que me dejo llevar y el alba despunta antes de que me de cuenta.

Este se convierte en el momento más triste del día: cuando tengo que abandonar tus pensamientos, cuando tengo que abandonarte. Me deslizo, de nuevo, suavemente bajo tu colchón con la esperanza de que la próxima noche no acabe nunca.

Y entonces ocurre, suena el despertador y tú abres los ojos.

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