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Grisoscurocasinegro.

Días con sabor a melancolía. Desiertos de días sin sol y noches sin sueño. Intentos frustrados por mantenerme a flote. Pero este bote salvavidas se hunde. Las soluciones no llegan, no encuentran el camino a casa. El tiempo me aprieta y me ahoga pero hago caso omiso a la urgencia.  Sola. Inmóvil y sola.  Rota e inmóvil. Rota. No cuido y descuido lo poco que quiero. Pero no quiero poco, quiero la vida. Y la vida me da la espalda mientras el miedo me tapa los ojos.  Y el miedo se vuelve ira. Y la ira, desidia.  Lloro. Joder cómo lloro. Duermo con la lágrima de la desesperanza y la esperanza de despertar en otra historia.  Recorriendo en círculos el camino andado. Con una sonrisa que grita de terror. Y el dolor que atenaza.
I love you, keep going.

No, nada.

Prometiste quedarte. Prometiste cogerme de la mano y mantenerme arriba. Prometiste hacer las cosas fáciles. Prometiste ser un pilar en el que apoyarme los días de lluvia. Prometiste no convertirte en tormenta. Prometiste no ahogarme en la oscuridad. Prometiste hacerme invencible. Prometiste no convertirme en un mar de lágrimas.   No lo entiendo. Tropiezas con un grano de arena y todas tus promesas se vuelven niebla. Y tiemblas por miedo a que me vaya. Y sufro porque siempre te vas.

Me duele la cabeza de sentir feo.

Y tengo los ojos cargados de niebla.
No me salen las palabras. Simplemente escribo por ver si la verborrea absurda que ahora se aloja en mi cabeza deja de ser tan molesta. Nadie va a entender lo que expreso, ni siquiera yo.  Podría decirse que uno de los peores días de mi vida ha llegado. Se ha hecho efectiva la devolución de mi corazón, maltrecho y destrozado. Magullado y dolorido. Un amasijo de mecanismos sin sentido que dudo que tenga alguna solución.  Es real. He quedado muda de dolor. Mis lágrimas han encontrado un nuevo hogar en las comisuras de mi boca. Y allí se van a quedar. Aunque no tiene sentido, aquí estoy bien. Rota es mi estado natural. Es lo que me empuja a seguir o a desvanecer en mi apreciado círculo de autodestrucción. No voy a luchar. No quiero. Estoy cansada. Sólo quiero dormir y permanecer soñando en un lugar donde nada de esto existe. Donde no estás. Donde no eres dolor. Donde puedo ver el arcoiris. 
Hoy me he despertado con ganas de apagar todas las luces del mundo y que la vida no siguiera. Que con tocar un sólo botón todo quedara en pausa. Hoy la vida me pesa y me asfixia y no sé qué coño hacer. Sólo finjo que todo está igual que ayer, que nada se ha roto. Yo me he roto. Por qué.
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¿Sabes cariño? Te voy a contar algo. Una reflexión que he tenido a raíz de esa saga famosa en la que todos lo pasan mal pero al final todo sale bien. Muy típica, lo sé. Pero ya sabes que estas ñoñeces me pueden. No tengo remedio. Viendo las últimas escenas he pensado en ti y en mi. En lo que estamos viviendo y en lo mal que va todo a veces. Sí, ya sé que es sólo una película. Pero cuando he visto a los protagonistas sentados mirando la lluvia, tranquilos, después de todo... nos he visto a nosotros. Porque es verdad que en la vida no todo es un camino de rosas. Existen circunstancias jodidas por las que tenemos que pasar. Y al igual que ellos, por muchos muros que se interpongan entre nosotros y esa tranquilidad, permanecemos juntos.  Eso es lo importante.  En tus peores momentos piensa esto. Pase lo que pase, algún día estaremos tú y yo mirando la lluvia a través de la ventana. Sin decir nada pero a la vez, diciéndolo todo. Y sabrás que todo esto habrá merecido la...