viernes, 23 de mayo de 2014

Tormenta de estrellas.

Si mis lágrimas ya no saben a nada, ya no es culpa mía. Me arrebataron las esperanzas de donde no quedaban. Y los pocos pedazos que quedan de mí, están tirados por ahí a merced de cualquiera.

Un pobre títere, no más. Conformista, condescendiente... demasiado buena.

O demasiado idiota.

Lo que está claro, es que de nada sirve lamentarse. Nublar la mente y que otra tormenta ensombrezca lo poco que queda. 

Hoy era el día.

Hoy había lluvia de estrellas.

Pero como siempre, cualquier cosa era más importante.


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