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Dulces sueños Princesa.

El mundo duerme y yo sigo aquí, escondido, esperando a que algo maravilloso ocurra. Cada noche es lo mismo, convivo con la oscuridad y un montón de pelusas que se aloja debajo de tu cama… al igual que yo. Para mi no es nada acogedor  pero, hace tiempo, no me quedó más remedio que acostumbrarme. A veces hace demasiado frío, cuando dejas la ventana abierta; y otras, un calor sofocante, como cuando te enfadas y cierras tu cuarto a cualquier forma de vida del mundo exterior. Pero por primera vez en mi vida de monstruosidad está mereciendo la pena. Tú estás consiguiendo que la espera a que caigas en tus dulces sueños resulte algo menos insoportable. La recompensa de verte sonreír mientras duermes, mientras creas ese maravilloso mundo que sólo tú puedes ver… no tiene precio. Es entonces cuando abandono mi lúgubre escondite, no sin antes concienciarme de que no hay nadie al acecho. Salgo con cuidado. Primero arrastro un brazo hasta donde se posa la luz de la farola de enfrente y...

Fraude.

Hay algo que quiero decirte. Tanto si decides seguir adelante como si prefieres quedarte estancada donde estás.  Tú eres tú.

¿Ves?

No hay más en mi, sólo dolor de aquellos a los que más quiero.  Y no te atrevas a decirme que valgo algo más.

Siete grados bajo cero.

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Solemos pensar que la vida es una serie de días que han de pasar sin pena ni gloria.  Pero existen los que guardan cada momento como si fuera único . Creemos que llegará el momento en el que todos los sueños se cumplan. También están los que no creen en ello. Admiramos la forma en la que otros encontraron la felicidad sin buscarla. Otros, simplemente... son felices sin proponerlo. Y sobre todo, amamos con todo nuestro ser. Aquí no hay dos extremos, dos realidades confrontadas. Pues encontramos a esa persona, una... mil veces. La miramos y nos reconoce en la mirada. Le hablamos y su voz es melodía . Ya no quedan pensamientos propios, sólo suyos. Su olor queda encerrado en cada fibra de nuestro ser, imposible de olvidar. Y queremos besarle, nuestros sentidos nos obligan a desearlo sin opción al fracaso.  No es una fase, ni una enfermedad que pasa como otras tantas. Para mi esto es amor , verdadero amor. Y he tenido la suerte de sentirlo a...

P.

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“Hay días que me siento como una cualquiera. Días como hoy”. Pensó mientras enviaba el quinto mensaje del día. Y no recibió respuesta.

Dulces sueños.

Los seres como yo no podemos establecer contacto con ningún humano, lo tenemos prohibido. Sólo debemos asustar, dar rienda suelta a sus más terribles miedos. Por eso tenemos este aspecto, desgarrado. Yo no soy una excepción. Podría parecer un humano hecho pedazos. Soy bastante alto para lo que suele ser normal entre los míos. Tengo una cabeza enorme. Apenas conservo algo de mi pelo negro. Dos ojos, uno demasiado abierto y otro demasiado cerrado. Me falta la nariz y por mi boca torcida asoman varios dientes desproporcionadamente grandes. Sólo tengo un brazo, el derecho; el izquierdo es una estructura de alambre. Pero mis piernas… podría considerarlas lo mejor que tengo. Al menos son útiles cuando hay que salir corriendo. Por esto, aunque deseáramos romper las normas y querer tener algo que ver con algún humano, con nuestro humano, ellos no querrían. Somos terror en sus ojos. Nunca nos amarán, ni nos tocarán, ni nos acariciarán… y lo que es más evidente, nunca nos besarán. ...

Te echo de menos tanto... que me cuesta respirar.

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Hoy con lágrimas en los ojos te recuerdo. Es tan intenso el dolor que hace tiempo creí haber dejado atrás que necesitaba decirte cuánto te sigo queriendo aunque ya no estés aquí. Te echo de menos todos los días, ya no hay nadie en el mundo como tú. Y perdona si esta forma de decírtelo es incluso insultante, pero ahora mismo soy incapaz de hablarte de otra forma.  Eres la persona más importante que tuve en mi vida, que nadie jamás podrá reemplazar el hueco que dejaste cuando te fuiste. Y no sabes lo que sufro por no verte, por no haberte dicho todos los días todo lo que te quería... no se cómo fui capaz de despreciarte algunas veces, perdóname, no sabía que todo lo que hacías lo hacías por mi. Porque me querías tanto que no soportabas verme sufrir. Y ahora me haces tanta falta... Ojalá me escuches, donde quiera que estés.