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Todo estaba perdido.

Y entonces aparece él. Me mira. Me sonríe. Y me invita a dar una vuelta por las nubes. 

Demasiados locos en un solo mundo.

Qué felicidad más sorda. Qué risa más austera. Hoy todo pesa. Pesa el paso del tiempo. Los deseos que no se ven cumplidos. Los sueños que ya no son sueños. Desesperanza. Esa es la palabra. Y la confusión que le rodea. Porque las ganas de sonreír no aparecen y deberían haber llegado ya. 

Corazón cerrado por obras.

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Aún recuerdo el día de mi último cumpleaños. Y el deseo que llevaba escrito una de las velas que soplé. Todo era felicidad y esperanza por ver cumplido algo imposible. Sigo conservando esa vela. Alzándose orgullosa. Susurrando ese sueño que hablaba de ti. De un beso que no debería haber sido. De un "te quiero" que jamás debería haber sido pronunciado. Y ahora, habla del dolor que me deja tu ausencia, tu indiferencia... la derrota. Sí, se trata de una guerra que hoy doy por perdida. De una cicatriz que vuelvo a esconder tras una cara amable. Una cicatriz que duele. Duele demasiado. 

Cuando el desamor se convierte en costumbre.

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Soy una listilla. La típica listilla que se encapricha y acaba con el corazón astillado. La historia se repite una y otra vez. Y yo vuelvo a caer. Sobran los comentarios.

No existe.

Eso te pasa porque no esperas, porque no tienes paciencia. Vives al límite creyendo encontrar a cada dos metros tu príncipe azul. Y así te va. Llorando, con roturas en un corazón que ni siquiera deberían estar ahí. Porque tú te las buscas. Porque sabes que va a ocurrir incluso antes del primer saludo. Pero eres así de ingenua. Te engañas creyéndote tus mentiras. Te ilusionas aunque prometas que esta vez no va a ser así. Y te rompen una y otra vez. La paciencia no es una virtud que se incluya en mi nombre. Amo sin condición, sin límites de tiempo. Porque el amor es mi droga. Porque necesito mi dosis. Porque quiero mi historia. Idealizas el amor. Piensas que los cuentos de hadas fueron escritos porque tú vivirías algo exactamente igual. Pero no es así. Nunca será así. No existen príncipes ni princesas. Princesa tú, mírate. No me hagas reír. Tú que te entregas a la mínima por unas migajas de cariño. Tienes razón. 
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Me acuerdo de ti. Me acuerdo de ti hoy más que nunca. Te eché de menos, aún lo hago y creo que siempre lo haré. Y con lágrimas en los ojos te digo que te quise. Te quiero. Y siempre te voy a querer. Nos vemos el jueves a las cinco donde siempre.

Hablando de héroes y otras metas...

Hoy hace un bonito día para hacer nuestros sueños realidad... ¿no crees?