Realmente no sé cómo empezar. Hace cinco minutos me parecía una buena idea vaciar mi cabeza en este pozo que llevo años creando piedra a piedra. Pero ya no estoy tan segura. Realmente escribo esto con la esperanza de que nadie lo lea. Realmente me pesan los años y mi cabeza no para de darle vueltas a la mierda en la que he convertido mi vida. Soy una mujer de 35 años a la que nadie conoce de verdad. Y ese es el problema, que nadie sabe quién soy porque ni yo misma lo sé. La mínima seguridad de la que hacía gala a los veintitantos la he ido regalando por el camino y ahora soy "esto". ¿Y "esto" qué es Sandra? Un desastre vive, respira y poco más. Sin emociones, motivos o esperanzas. Con muchos miedos, torpezas y tristezas. Realmente estoy deseando que pase eso de que venga mi yo del futuro y me diga que todo va a salir bien pero aquí no aparece nadie.
Últimamente hay momentos en los que me doy cuenta que he dejado de respirar. No sé por qué lo hago. A lo mejor mi inconsciente está mandando una orden a mi cuerpo. La orden de dejar de existir. Porque no quiere doler más. Estos tiempos están siendo convulsos lo que no es ninguna novedad. Se pueden contar con los dedos de una mano las ocasiones en las que he sido feliz estos años. O al menos tranquila. Ya me conformo con poco. La consecuencia de toda esta mierda es que mi mente está al borde de hacer punto y final. Ser un vegetal, volverme loca o yo qué sé. Algo que consiguiera alejarme de lo mal que está todo esto. Que la lucha acabe y pueda descansar.
No sé expresarlo con palabras. El mundo está sumido en el caos absoluto. Mi vida no es menos que el mismo desorden de siempre. Y ya me hago mayor. ¿Sabes? Hace tiempo que dejé de creer en la magia. La olvidé, la hice volar. Dejé que el mundo me engullera sin pedirme permiso. Confieso que al principio me asusté. Desahogué un mar de lágrimas hasta que llegó el momento en el que me resigné. Continué mi vida caminando de puntillas. Con lo que odio hacer eso. Aún así, la echaba de menos. Y hoy nada pronosticaba que esa situación fuera a cambiar. Hasta ahora. No sé decirte si ha sido esta canción que llevo escuchando en bucle una hora o ponerme a pensar en ti. Sólo me salía decirte "te quiero". Me ha removido, me ha conmovido... y no me ha hecho llorar. Pensar en ti me ha hecho fabricar la sonrisa más bonita del mundo. Eso es magia, ¿no?
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