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Carta a la desesperación

No son pocas las ganas que tengo de mandarlo todo a la mierda e irme de aquí. Porque ha vuelto a pasar. He huido mucho tiempo pero al final me encontró y me está absorbiendo a pasos agigantados. No son días pasajeros que algún día pasarán. Ha empezado y no tiene pinta de terminar. ¿Razones? Tengo muchas, o ninguna. A mí me han bastado para hundirme de nuevo en esto que tan bien conozco. Pero te las cuento por si andas algo perdido… He encontrado a alguien que es capaz de destruirme casi tanto como aquel que lo hizo en su momento. Es adictivo y venenoso. Debería alejarme de él pero me ha encontrado con las defensas bajo mínimos y no quiere soltarme. Cada palabra suya es un tranquilizante y una píldora de cianuro. No le quiero, esto no es amor. Estoy obsesionada. Y él aprovecha esto para tener control sobre mí. Todo el control. Hoy mismo me ha dicho cosas que han provocado que vuelva a arañarme los brazos.  Y si fuera lista le mandaría a paseo, que volviera por donde ha ven...

Dispara.

Por primera vez estoy segura de lo que sientes. De lo que verdaderamente sientes por él. Y te sientes tan bien que nada ni nadie puede estropear este momento. En el que un beso sella vuestras íntimas confesiones en un raído sofá a las tres de la madrugada. Un “Te quiero” que sabe mejor que ningún otro, un cosquilleo que siempre ha estado ahí y que ahora dejas volar. Por primera vez tienes miedo. Más miedo aún. Esto es muy fuerte, piensas. Sus ojos te atraviesan con su azul inmenso mientras las palabras se asientan en vuestras manos, que acarician lentamente el ambiente que habéis creado entre los dos. No existe nada más, ni frío, ni hambre, ni sueño. Tan solo vosotros, nada más.

Punto y seguido.

Recuerdo días raros. Días que ocurrieron hace mucho y no son tan lejanos al fin y al cabo. Momentos de mi historia que quedaron grabados con firmeza. Y pienso que estamos perdiendo el tiempo. ¿Sabes? La vida es aquello que pasa cuando nos lamentamos de aquello que nunca sucede. Días que no llegan y días que no queremos que lleguen. El momento idóneo para dar el primer paso o el séptimo. La última calada de vida que nos podría alegrar la mañana. Una conversación a solas que nadie es capaz de iniciar por miedo al fracaso. Por miedo a los desconocido. Y es eso, algo que no conocemos. Algo que nos limita el modo en que vivimos esta maravilla. Voy a sincerarme con vosotros, yo he esperado. He esperado por mi primer beso, por el segundo… e incluso por el tercero. He esperado el momento idóneo para ir a hablar con alguien. He deseado con todas mis fuerzas que sucedieran cosas que jamás han ocurrido. He deseado ser feliz. Y he esperado a que esos días felices llegaran. Fue precisamen...

Dulces sueños Princesa.

El mundo duerme y yo sigo aquí, escondido, esperando a que algo maravilloso ocurra. Cada noche es lo mismo, convivo con la oscuridad y un montón de pelusas que se aloja debajo de tu cama… al igual que yo. Para mi no es nada acogedor  pero, hace tiempo, no me quedó más remedio que acostumbrarme. A veces hace demasiado frío, cuando dejas la ventana abierta; y otras, un calor sofocante, como cuando te enfadas y cierras tu cuarto a cualquier forma de vida del mundo exterior. Pero por primera vez en mi vida de monstruosidad está mereciendo la pena. Tú estás consiguiendo que la espera a que caigas en tus dulces sueños resulte algo menos insoportable. La recompensa de verte sonreír mientras duermes, mientras creas ese maravilloso mundo que sólo tú puedes ver… no tiene precio. Es entonces cuando abandono mi lúgubre escondite, no sin antes concienciarme de que no hay nadie al acecho. Salgo con cuidado. Primero arrastro un brazo hasta donde se posa la luz de la farola de enfrente y...

Fraude.

Hay algo que quiero decirte. Tanto si decides seguir adelante como si prefieres quedarte estancada donde estás.  Tú eres tú.

¿Ves?

No hay más en mi, sólo dolor de aquellos a los que más quiero.  Y no te atrevas a decirme que valgo algo más.

Siete grados bajo cero.

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Solemos pensar que la vida es una serie de días que han de pasar sin pena ni gloria.  Pero existen los que guardan cada momento como si fuera único . Creemos que llegará el momento en el que todos los sueños se cumplan. También están los que no creen en ello. Admiramos la forma en la que otros encontraron la felicidad sin buscarla. Otros, simplemente... son felices sin proponerlo. Y sobre todo, amamos con todo nuestro ser. Aquí no hay dos extremos, dos realidades confrontadas. Pues encontramos a esa persona, una... mil veces. La miramos y nos reconoce en la mirada. Le hablamos y su voz es melodía . Ya no quedan pensamientos propios, sólo suyos. Su olor queda encerrado en cada fibra de nuestro ser, imposible de olvidar. Y queremos besarle, nuestros sentidos nos obligan a desearlo sin opción al fracaso.  No es una fase, ni una enfermedad que pasa como otras tantas. Para mi esto es amor , verdadero amor. Y he tenido la suerte de sentirlo a...