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Sin respiración.

No es un misterio que no estoy bien. Me he quedado sin fuerzas a medio camino de cualquier lugar. Sólo me sale derramar un manantial, como siempre. Y me da miedo. Nubes negras se ciernen sobre mi. Auguran tiempos peores. La oscuridad que tan bien conozco. Nadie puede entenderlo. Son gritos de desesperación. 

Razones

Si te digo que una vez más gana el miedo a la razón.  Que mi corazón no entiende las razones que tu corazón grita a los cuatro vientos, o que no las quiere entender.  Y le da lo mismo las veces que mencione mi nombre si se hace el sordo. Cuánto tiempo aguantarás mis desvaríos. Mis pensamientos incómodos y mis silencios sin respuesta. Cuánto tiempo estarás allí donde nadie estuvo, donde otros se dieron por vencidos. Así es imposible. Y crece el miedo a que lo único real que he conseguido crear contigo se desmorone en mil pedazos. Porque si no estoy contigo me falta el aire... y si te tengo a un milímetro, se rompen todos mis esquemas.  Y no sé como actuar.

Estas letras dulces que no llevan a nada. En las que no reside ni un atisbo de esperanza.

Es otra vez, y otra vez no. La facilidad con la que a los humanos se les olvida amar, asusta. Yo que sigo aquí esperando. Y desespero. En un punto muerto. Y tan muerto. Y lo tedioso que resulta existir así.

Todo estaba perdido.

Y entonces aparece él. Me mira. Me sonríe. Y me invita a dar una vuelta por las nubes. 

Demasiados locos en un solo mundo.

Qué felicidad más sorda. Qué risa más austera. Hoy todo pesa. Pesa el paso del tiempo. Los deseos que no se ven cumplidos. Los sueños que ya no son sueños. Desesperanza. Esa es la palabra. Y la confusión que le rodea. Porque las ganas de sonreír no aparecen y deberían haber llegado ya. 

Corazón cerrado por obras.

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Aún recuerdo el día de mi último cumpleaños. Y el deseo que llevaba escrito una de las velas que soplé. Todo era felicidad y esperanza por ver cumplido algo imposible. Sigo conservando esa vela. Alzándose orgullosa. Susurrando ese sueño que hablaba de ti. De un beso que no debería haber sido. De un "te quiero" que jamás debería haber sido pronunciado. Y ahora, habla del dolor que me deja tu ausencia, tu indiferencia... la derrota. Sí, se trata de una guerra que hoy doy por perdida. De una cicatriz que vuelvo a esconder tras una cara amable. Una cicatriz que duele. Duele demasiado. 

Cuando el desamor se convierte en costumbre.

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Soy una listilla. La típica listilla que se encapricha y acaba con el corazón astillado. La historia se repite una y otra vez. Y yo vuelvo a caer. Sobran los comentarios.