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La historia de mi vida.

"Me gustas así pero con un poquito menos de todo".
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Si anhelas el sabor de mi risa, búscala donde siempre la encuentras. Si no recuerdas el color de mis hoyuelos, búscalo en el escondite de mi felicidad. Si extrañas el tacto de mi piel al morir de amor, búscalo en mis sábanas alborotadas por el amanecer. Si me pierdo y no soy capaz de encontrarme, sólo búscame. Búscame más allá de donde puedas y quieras. Más allá de los horizontes de tu mirada. 

Quizás ella, quizás él, quizás yo.

Si todas las noches de enero hubiesen sido igual de frías que aquella nunca se habría decidido a hacerlo. Y es que un papel en blanco y el corazón en un puño no presagian nada bueno cuando se trata de entrar en calor intentando encontrar las palabras adecuadas. Ella, quizás yo, quizás no queríamos contar esta historia. Pero la vida da tantas vueltas que a veces, sólo a veces, te deja perdida sin rumbo y divago como en este instante.  Quizás ella, quizás yo, no queremos contar esta historia. Ella no quiere salir, yo tengo que huir y mi única llave es un folio en blanco que ellos me ofrecen día tras día. Escribir qué es lo que le hace gritar por las noches y me desvela. El porqué de mis ojeras y de sus ataques de ira.  Y yo no recuerdo nada. Ella me impide recordar. Y detalles. Y piden detalles. Y lo único que hago es sacar fotos mentales de mis cicatrices que ella tanto ama. Así las horas permanecen iguales.  Pero esa noche algo cambia. Ella duerme y...

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Un rostro marcado por la ira y un portazo mal acertado. Y aquel recuerdo. Y el miedo que tuve. El mismo que ha aparecido hace escasos 30 minutos. Aún tiemblo.

Descarga eléctrica.

Joder. Estoy cabreada. Ahora sí puedes decir que he llegado al límite y mi enfado es bastante plausible. Pero antes no. Antes era la tristeza de siempre. Lo que se conoce como "puto bajón de mierda de jueves porque me da la gana". Y qué tengo. Preguntas insulsas, conversaciones que no llevan a ninguna parte (si llegan a la categoría de conversación) y nada más.  Eso sí, cuidado si el bajón lo tienes tú. Que muevo el mundo por cambiarlo. Te hago mierdas de pancartas. Hago el payaso. Hago ALGO. No tengo conversaciones sobre el tiempo que hace o donde vas a comer o qué. No es tan jodidamente difícil después de tantos meses. No necesitas ser descabellado.  Y me cabrea y me desquicia. Y llego al límite y quiero acabar con todo.

Tu piel, mi delirio.

He sobrevivido. Lo que se pronosticaba como el más caótico de los días ha resultado ser maravilloso. Tu piel junto a la mía mientras me dejaba dormir ha sido de lo mejor que esta vida me ha brindado.  Sólo lo he tenido contigo. Y soy feliz. Como nunca o como debería ser siempre. Con ganas infinitas de comerme el mundo porque sé que tú estás ahí para cogerme de la mano.  Bendito septiembre. Bendita carta de rechazo. Bendito diciembre. Bendito mensaje. Maravilloso enero. Y maravilloso diez junto a ti.

Dormir es de cobardes

Las noches de insomnio me dejan ciega y loca. A un bostezo por segundo. Con un bonito maquillaje natural bajo los ojos.  Y estos estados de ceguera y locura me llenan de lucidez. Lucidez de la mala. De la de "vaya mierda de vida, hostia".  Y estoy cabreada. Y el exceso de cafeína no me sienta bien. Y así. Sobrevivir a este día va a ser algo épico.