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Aire

Hay días que se convierten en pequeños brotes de oscuridad. Tal día como hoy. En el que la mente se nubla y piensas en cosas banales mientras aspiras el humo del último cigarro de la suerte que te queda. En un balcón de aire expuesto al mundo.  La gente te ve y ríe. Otros piensan "qué está haciendo esa loca ahí sentada". No comprenden tu duelo y poco te importa. Sólo te dedicas a respirar aire contaminado  con la esperanza de que esta vez la suerte sea tuya. Soñando deseos que una vez agarraste y ahí siguen, esperándote.  Y otra vez, igual que las mil anteriores, decides levantarte. Plantarle cara. Aunque se convierta en otro fracaso como las novecientasnoventaynueve anteriores.  Y poco te importa. Porque si en esta vida has aprendido algo, ha sido a levantarte y seguir. A veces corriendo y otras a hurtadillas. Pero siempre hacia adelante. Porque el pasado y el presente duelen, es cierto. Y el futuro no está nada claro.  Pero en este cuento ...

1, 2, 3, Drink

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Quizás no soy tan diferente. Quizás mi objetivo es la autodestrucción. Y romper con todo lo sano y hermoso que me rodea.  Quizás no soy tan diferente de él. Puedo dedicar mi vida a lo que él decía hacer. Sostener copa tras copa o morir en el intento. Y brindar con la esperanza de que todo se desvanezca.  Yo nunca he buscado tener una vida perfecta. Mi único empeño ha sido ser feliz y yo misma boicoteo cada intento.  Y es ahora, que las lágrimas arden recorriendo mi piel, cuando me doy cuenta de mi realidad.  No queda remedio. No existe la salvación. Mi único camino es la perdicíón. 

La magia de aquel día de enero.

Encuentro oportuno escribirlo. Abrir mi corazón en dos y que salga volando. Haré todo lo posible para que llegue a su destinatario en forma de beso literario.  O más que eso. ´ Últimamente las musas no me acompañan demasiado. Y las nubes sobre las que viajo no me dejan ver. Siento si estas letras no logran transmitir lo que deseo.  Prometo que me esforzaré. En el baile que es mi vida me han tendido muchas manos manchadas. Manos que prometían y que luego no daban. Manos corruptas al fin y al cabo. Pero no estoy aquí para hablar de ellas. Estoy aquí para hablar de unos pies.  Y no, no me he vuelto loca. Unos pies que me sacaron a bailar en este baile que es mi vida. Y yo, tonta de mi, acepté como cualquier otra vez sin esperar más que una fugaz canción. Cómo me equivocaba. Y lo feliz que me hace esta dulce equivocación. Tonta enamorada que con el corazón abierto y desprovisto de armaduras te confiesa: Enamorarme de ti ha sido lo mejor que ...

Suenan mis latidos en tu corazón.

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A veces suena una canción. Y los acordes me llevan a ti. 

Tormenta de estrellas.

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Si mis lágrimas ya no saben a nada, ya no es culpa mía. Me arrebataron las esperanzas de donde no quedaban. Y los pocos pedazos que quedan de mí, están tirados por ahí a merced de cualquiera. Un pobre títere, no más. Conformista, condescendiente... demasiado buena. O demasiado idiota. Lo que está claro, es que de nada sirve lamentarse. Nublar la mente y que otra tormenta ensombrezca lo poco que queda.  Hoy era el día. Hoy había lluvia de estrellas. Pero como siempre, cualquier cosa era más importante.

Tarde de martes rara.

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Ganas locas de romper con todo. De desenredar la distancia que hay entre tú y yo, pero en dirección contraria. Y poner un gran abismo separando mi vida de mi. Porque no me gusta esta antianímica existencia. Perdiendo a personas que no deberían haber desaparecido. Y con la putada que es echar de menos. Queriendo por querer porque perdí el corazón en alguna de las esquinas de aquella cama. Cuando decidiste que era el momento de amarme.  Dejándome desnuda sin mirar atrás. No es algo deprimente que contar. Sólo es una reflexión tonta de martes a las seis de la tarde. Todo es mejor que hacer lo que se supone que tengo que hacer.

Sin respiración.

No es un misterio que no estoy bien. Me he quedado sin fuerzas a medio camino de cualquier lugar. Sólo me sale derramar un manantial, como siempre. Y me da miedo. Nubes negras se ciernen sobre mi. Auguran tiempos peores. La oscuridad que tan bien conozco. Nadie puede entenderlo. Son gritos de desesperación.